Bien, es la primera vez que publico un escrito original aquí, así que espero que les guste. Lo escribí mientras escuchaba la canción “Slow” de Kiyoharu y “Juegos de Amor” de Moenia, facilmente unas 50 veces. No me extiendo mas, los dejo con la historia, y esperen la continuación.
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A Nicole Zuñiga no le interesaban muchas cosas en la vida. Todo se resolvía en sencillos pasos que ella misma se armaba para pasar la vida: cuando no estaba en la escuela, estaba trabajando, o en su defecto, pasando el tiempo en su casa. Igual su rutina era perfecta, no había ninguna cosa fuera de lugar, comenzando cuando se levantaba por las mañanas. Eran pasos sencillos, sin ningún chiste, y que le permitían llevar un cierto control en su existencia.
De su familia no podía decir nada, ya que no los conocía bien. Se la pasaba estudiando, trabajando, encerrada en su cuarto, la convivencia era prácticamente nula, ya que estaba forzada a atender a la cena familiar todos los días. Si no estuviera viviendo ahí, fácilmente hubiera perdido el contacto con su familia por su propia voluntad.
Quizá fue un pequeño cambio sin importancia lo que desencadenó lo que más adelante le traería problemas: la entrada a la Universidad. Al principio no lo tomó con mucha importancia, mientras que los demás estudiantes saltaban de la emoción o sufrían desmayos al verse en la lista de aprobados, ella solamente había suspirado, murmurando un “Bah” y retirándose hacia un nuevo día de trabajo. El primer semestre se dedicó a pasar sus materias y a establecer una nueva rutina que controlara su vida, dedicándose solamente a lo que pensaba que eran sus prioridades, mientras que el segundo semestre fue como una consolidación con lo que ahora podía llamar su rutina.
Hasta que Altair León entró como un maremoto a revolverlo todo.
La primera vez que la vio fue cuando fue mientras hacía fila para inscribirse a uno de los cursos para mejorar su Ingles, cuando ella simplemente le pasó por el lado ignorando siquiera la existencia de dicha línea. Le gustó su porte al caminar, le interesó esa mirada perdida, y por supuesto, le intrigó esa aura de tristeza que emanaba a su alrededor.
Ella era una joven despreocupada. Ya en su segundo semestre de una carrera de Idiomas, era prácticamente ignorada por la mayoría de sus compañeros de clase. No le gustaba vestirse como las demás chicas, y no le llamaban la atención las cosas que las demás hacían. De hecho, usaba ropa tan holgada y oscura, que de no ser por su cabello largo todos pensarían que era un chico.
El era un joven que apenas estaba en un sexto semestre de, hasta el momento, una satisfactoria carrera de Ingeniería, no muy alto pero fácilmente le sacaba una cabeza a la joven, cabellos oscuros y una mirada parda que hacía suspirar a más de una de sus fans durante las presentaciones de su banda.
Tal vez fue por causa del misterio que la envolvía, que él se interesó por ella.
Se acercó, aun temiendo que se desatara un cataclismo de proporciones inimaginables en el cosmos solo por hablar con ella.
“Oye disculpa, ¿Podrías decirme donde se encuentra el salón 207?” Ella siguió caminando, sin siquiera voltear a verlo. ¿Lo habría escuchado? “¿Disculpa?” Ella volteó, dirigiéndole una confusa mirada
“¿Me hablas a mi?” Para ella era sumamente extraño que alguien le dirigiera la palabra ya que nadie lo hacía. Altair simplemente había escuchado una especie de voz desinteresada.
“No veo a nadie más por este pasillo, así que supongo que si te hablé a ti”
“Segundo piso, primer salón junto al baño de hombres” le respondió ella, dando media vuelta para seguir su camino. Miró su reloj, si no se apuraba llegaría tarde.
“¿Y cómo puedo saber si es el 207 y no otro salón?”
“Porque tiene el número en la puerta”
Nunca, pero nunca en su vida, Altair León había sido rechazado de esa manera. Realmente no había sido rechazado, ya que apenas acababa de empezar a conocerla, pero él se sentía como si ella lo hubiera mandado directo a la mitad de una calle para ser atropellado. Aun así sonrió, ya que sabía que esa pequeña interrupción a la rutina de la joven quizás desataría algo en un futuro. Solo tenía que ser paciente, y esperar.
El joven pasó un par de meses llegando temprano a sus clases, sentándose en el suelo frente a las escaleras por donde ella subía, siempre con la esperanza de verla pasar por los pasillos y que pasara algún suceso de proporciones inimaginables que hiciera que ella lo notara; y cada día siempre la miraba pasar el mismo lugar, haciendo las mismas acciones, con la misma mochila en las manos, con el mismo porte y la misma mirada que le había visto la primera vez. Uno de esos días pensó en hacer algo, inventar alguna excusa y acercarse, pero tuvo una mejor idea.
Y le rompió la rutina.
Una mañana, Nicole se levantó e hizo su rutina de costumbre. Salió de su casa y fue a la Universidad, entró a su facultad y caminó por los pasillos hasta llegar a las escaleras, donde subió a paso ligero como todos los días. Mas al dar la vuelta sintió que algo estaba mal, volteó y no miró nada raro. Arqueó una ceja, miró a su alrededor y no miró nada fuera de lo normal. Suspiró, por andar alucinando ya llegaría tarde a clase y sería su primer retardo en su historia universitaria.
En clase seguía sintiendo que algo faltaba e intentó pensar en el porqué. Dichos pensamientos no la dejaban concentrarse en clase ni la dejaban pensar en otra cosa, tanto que cuando menos se dio cuenta ya estaba en su tercera clase, con el maestro haciéndole una pregunta de un tema al cual no le había puesto atención y con los libros de la materia de la primera hora abiertos de par en par. Cabe de sobra decir que su día fue pésimo, ya que normalmente nunca era tomada en cuenta ni para participaciones ni cosas por el estilo, y misteriosamente ese día estuvo saturado de maestros preguntándole cosas de las cuales ella no sabía la respuesta. Y qué decir del trabajo, en cuanto llegó su jefe la mandó de vacaciones obligatorias sin goce de sueldo con una razón demasiado estúpida.
Llegó a su casa maldiciendo a la escuela y aventando la mochila que normalmente dejaba a la puerta de la entrada, sus padres solo la miraron extrañados y no le hablaron para la cena.
Ella descubrió la razón la mañana siguiente, cuando vio a Altair sentado en su lugar de costumbre. Altair, perdido entre los pensamientos que lo llevaban y traían de lo que él consideraba lo placentero de ser él, y de lo que sería con ella por supuesto, una clase de extraña vivencia… y sin dejar de mirarla llegó el momento en que ella lo miró, dejándose de dilemas y tomando como tal su personalidad. Dispuesto a darlo todo, el le sonrió, esperando que la joven dijera lo que era muy propio de ella, lo que ni en esos momentos comprendería. Confiando en sus habilidades natas de las cuales no poseía temor alguno, esperó a que ella le dirigiera la palabra, cosa que sucedió.
“¡Fue por tu culpa! ¡Por tu culpa ayer pase el peor día de mi vida!”
“¿Perdona? No puedes echarle la culpa a nadie acerca de tus desgracias, además, yo no tengo nada que ver contigo”
“Pues para estar culpándome, yo diría que si”
Después de la última frase Altair sonrió. La había dejado con media palabra en la boca, ya que no pudo reaccionar con una respuesta inmediata. Ella se enfureció mas, no dijo nada y dio la media vuelta, dirigiéndose hacia su respectivo salón de clases. Altair sonrió, ya que su plan había funcionado perfectamente.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Después de aquella ocasión, todo había ido de mal en peor para ella. No solamente estaba llegando más tarde que de costumbre, sino que también se le olvidaban las tareas en casa, o peor, se le olvidaba hacerlas. Y no podía apagar su mente, porque si lo hacía desencadenaba una ola de tropiezos y golpes contra cualquier cosa, que difícilmente lograba evitar. Lo peor era que tanto tropiezo le estaba dejando cortes, moretones, y si se descuidaba, quizás le dejaría una extremidad inmóvil si se golpeaba fuertemente. Para colmo, cada vez que se lo encontraba tenía que discutirle alguna cosa, porque si no su día se transformaba en algo peor.
Una mañana iba tarde a su primera clase, siendo su quien-sabe-que-numero de retardo por esos días. Subió las escaleras lo más rápido que pudo, llegando al segundo piso y luego corrió para subir hacia el tercero, pero al parecer la racha de mala suerte estaba apenas empezando, porque casi llegaba al final de la escalera y sintió un calambre en su pierna derecha, haciendo que falseara y estuviera a punto de caer, de no ser porque unos brazos detuvieron su caída. Nicole volteó, solo para encontrarse que su salvador había sido nada más y nada menos que Altair.
“Mierda” pensó, al reconocer a Altair. Para ella, mientras menos viera al joven mejor, ya que desde que lo conoció, su vida había comenzado a ser un completo caos.
“¿Vas a dirigirme esa mirada cada vez que me ves?” le preguntó él, una vez que ella se soltó de él, subiendo los últimos peldaños de las escaleras para luego dirigirle una mirada repleta de furia y coraje.
“Aun te atreves a dirigirme la palabra…”
“Me gustan los retos…” el se levantó, acercándose peligrosamente a ella y tomando entre sus dedos uno de los negros mechones que ella tenía enfrente “Y he decir que eres uno muy difícil”
“Quita” ella le retiró la mano bruscamente. El sencillo toque de Altair le había provocado un escalofrío.
“Voy a tocar con mi grupo esta noche por la semana cultural de mi facultad y me gustaría que vinieras a verme”
“¿Estás invitándome a salir?”
“Si te molesta ese término, podríamos decir que es una invitación a una tregua” Sin siquiera quererlo, el timbre de voz de Altair había soltado cierto toque de coquetería, solo esperaba que eso no le afectara la respuesta de la joven. Ella miró el reloj, dándose cuenta que hiciera lo que hiciera de todas formas llegaría tarde a su clase “Será en el café literario de la universidad, ¿Qué dices?”
“Que dejes de seguirme y que me dejes en paz” le respondió ella, ya molesta por su situación.
Altair tardó un poco en reaccionar ante la expresión de furia de la joven, pero su expresión no cambió.
“No pasa nada si vienes, ya verás que…”
“Ni siquiera te conozco, además, no sé ni para que me molesto en esta conversación sin sentido” añadió ella, comenzando a caminar hacia su salón de clases, seguida muy de cerca por Altair.
“Eso puede solucionarse si nos presentamos mutuamente. Altair León” el se acercó, poniéndose frente a ella y uso su mano para tomar el mentón de la joven, dirigiéndolo a su rostro, y parecía que ella iba a aceptarlo, mas lo que sucedió fue que la mano de ella terminó dejando una marca roja en la mejilla del joven “¿Qué rayos…?”
“¡NO VUELVAS A TOCARME!”
Ella se deshizo de él y salió corriendo hacia su salón de clases, esperando no volver a toparse con él ni entablar una conversación en un futuro distante. Solo pensar en lo que acababa de suceder la hacía sentir como si hubieran prendido un paquete de cerillos en cada una de sus manos.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Al vagar de manera solitaria por los pasillos de la universidad, sus pasos la llevaron al café literario. Lo sintió como algo raro, ya que ella solamente quería vagar por algún lugar donde pudiera estar tranquila, pero al haber apagado su cerebro unos instantes no pudo darse cuenta por donde iba, hasta que ya se encontraba dentro del lugar.
Bajo las escaleras que llevaban al salón del café literario. Poco tenía de literario el lugar, ya que la banda que tocaba hacía un ambiente que rayaba entre lo bohemio y lo raro. Igual se sintió no apta para el lugar, ya que su apariencia decía que se había puesto la primera camisa y el primer pantalón que se había encontrado tirado en su habitación, vestimenta no apta para un lugar como ese.
Al ir bajando, una melodía llego a su sentido del oído, quedándose inmóvil justo a la mitad de camino, cerrando sus ojos por unos momentos al verse de repente hipnotizada por la voz que escuchaba en esos momentos. Y no era solamente la voz, sino la letra y la manera en como la entonaba, llena de sentimientos desconocidos para ella, los cuales estaba intentando descubrir conforme pasaba la canción.
Quisiera volver, a sentir lo que vivimos ayer.
Desnudando tu piel, y sentir tu vida en mi estremecer.
Tu cuerpo besar, las horas tienen que seguir.
Amarte asi solo y sin ti, estando presos lejos de aquí.
Cuando Nicole abrió los ojos y miró al frente, nunca pensó que en el escenario estuviera una de las personas que más despreciaba en el mundo, Altair. Entonces recordó que él mismo le había comentado que estaba en una banda y que le gustaría que fuera a verlo tocar ella lo había tomado como una forma de coqueteo y prácticamente le había respondido con una cachetada además de una rotunda negativa. Y ahora el destino los había puesto frente a frente.
Ah, en las noches que pienso en ti.
Me envuelve una deliciosa y dulce fragancia.
Mientras que parece consolar.
La amabilidad pasa a través de mí
Y Altair se había dado cuenta de su presencia, ya que la estaba mirando directamente, como si estuviera tocando solamente para ella. No le apartaba los ojos de encima.
“¿Qué estás haciendo Nick? Ignóralo, como si jamás lo hubieras visto, da la media vuelta y sal de aquí lo más rápido que puedas” se había dicho a sí misma, pero su cuerpo no le respondía. Era como si el tiempo se hubiera detenido entre ambos, desapareciendo a su vez a toda persona a su alrededor.
Verte pasar, y fingir no verte sin sospechar.
Y trabajar, esperando el momento de hacerte vibrar.
Lo conozco tan bien, que duele.
Cuando una conversación se acaba, es algo triste
Los ojos pardos de Altair le dirigían una mirada que ella jamás se hubiera imaginado ver en él. Altair sabía lo que estaba haciendo y sabía lo que le causaba a ella: un ligero estremecimiento y un rápido palpitar en su pecho.
Amarte así solo y sin ti, estando presos lejos de aquí.
Ahora que hemos partido de nuestra vida llamada soledad.
Ella no podía soportarlo más, tenía que salir de ahí cuanto antes. Se dio media vuelta y caminó hacia la salida, el lo notó y dejó todo para ir tras ella, ante la mirada atónita de los que estaban tocando y de los espectadores presentes.
“¡Espera!” la llamó él, desesperado por obtener alguna respuesta. ¿Respuesta a qué? Ni el mismo lo sabía.
“Tú…” se mostró furiosa, aun más furiosa que en la última conversación que tuvieron “¡Todo esto es tu culpa!”
“¿Mi culpa? Si yo no he hecho nada que te afecte”
“¡Claro que lo has hecho! ¿Cómo puedes llegar así como así y…?” Nicole no podía continuar. Estaba demasiado furiosa; no tanto con Altair, sino con si misma por permitirse que eso le pasara a ella.
“¡Ya calmate! ¡Te cierras tanto en tu mundo que no sabes lo que sucede a tu alrededor!” El ya estaba harto, harto completamente de la situación entre ellos dos. Le pondría fin en esos momentos aunque al final tuviera que resignarse para luego terminar encobijado y muerto en algún canal de desagüe. Ya se imaginaba los titulares de los periódicos: Joven cantante muere a manos de chica demonio.
“¡Yo no te pedí que entraras a mi vida!” se colocó de frente, mirándole directamente al rostro y sin temor alguno, despojando la mayor intensidad que sus palabras llegaran a demostrar. Estaba dispuesta a hacer las pausas correspondientes para que su enfado y su sentir realmente quedaran marcados y este los entendiera “¡No te pedí que hicieras nada por mí! ¡No te pedí que me detuvieras en las escaleras! ¡No te pedí que…!”
“Lo sé… pero… lo hice porque así lo quise, así de sencillo” la interrumpió “Al principio cuando todo comenzaba y me dirigí hacia ti… esa primera vez que te portaste de manera cortante pensé que nadie me había tratado así antes y claro, heriste mi orgullo y lo destrozaste por completo… en un instante te volviste tan intrigante, incomprensible para mí…”
“¡No estés burlándote de mí!”
El no calló, iba a seguir pasara lo que pasara. Simplemente dejó fluir sus palabras.
“Eres alguien sorprendente, nunca me habría imaginado el estar enamorado de una persona como tú, tan fuerte, decidida…” Altair se iba acercando peligrosamente hacia ella, que seguía inmóvil ante las palabras de un intelecto asombrante y abrumador “… y sobre todo, con un humor del mismísimo demonio” terminó él, recordándole quien era y quien era ella.
Esta, sin embargo, no se dejó sucumbir al instante, sino que volvió dispuesta a destrozar cualquier encanto que él pudiera aplicar directamente. Volviendo a la boca de la tormenta, ella le formuló.
“Ve al grano, no me gusta estar perdiendo el tiempo”
“Te amo”
Altair lo dijo así, sin pensarlo dos veces, porque él estaba completamente seguro de sus sentimientos, mas no así ella. Era la primera vez que Nicole tenía sus pensamientos revueltos completamente y no sabía siquiera como reaccionar ante la confesión.
“No sé cómo fue… o cuando fue que comenzó… pero me siento contento aunque no lo sientas… ha sido estupendo cada extraño y largo momento que me has hecho imaginar y palpitar… mas ahora todo depende de ti, de lo que quieras…”
Ella permaneció callada, mas él la miró directamente. Alguna de sus palabras debió de haber hecho algún tipo de conciencia en ella, aunque fuera una sola…
“Yo… no lo puedo asimilar…” ahí estaba ella, sin mirarlo, apoyándose ahora en una pared para no caer del coraje que estaba sintiendo en esos momentos “vete, déjame en paz…” esta vez no lo gritó, más bien lo dijo como si fuera una súplica “estas revolviendo mi cabeza, estas haciéndome sentir cosas que no quiero…”
El no pudo evitar sentirse algo extraño, pero no quería forzarla a algo en esos momentos. Quería decirle algo, pero de sus labios solo alcanzaban a salir monosílabos. No, no podía decirle nada más. No aún.
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waaaaaaaaa!!!!!!!!!!!
me encanto tu historia continuala porfabor y mandamelaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!
kiero leerla
me intereso mucho esta muy linda
porfaborrrr continuala
bueno demientras la boy a leeer de nuevo jajajajajja
la deverian pasar a anime jajajajja eso si vende (en japon) neeeeeeeee
aki tambien jajajaja
me encanto la parte donde el Grita ESPera de ai en adelante se vuelve emocionante y romantico y aaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
me encataaaaaaaaaaa
k lindaaaaaaaaaaa
bueno pero la continuassssssss
me emociono mucho